Reconocimientos
Reconocimientos realizados a las Ludotecas
Vale la pena jugar
(Texto: Anna Infantas Soto

Fotos: Clovis de la Jaille

Cerca de 200 chicos asisten a cuatro ludotecas que no hace mucho se inauguraron en el Plan Tres Mil. La idea es crear espacios, puntos de encuentro donde los niños puedan jugar. Los expertos califican esto como “tiempo libre educativo”. Es una iniciativa de Hombres Nuevos

Es un hecho que los chicos tienen sus agendas cada vez más llenas de horas en el colegio, de deberes, de actividades extraescolares... Pero no sólo la presión de la escuela ayuda a pintar un panorama aburrido. La sociedad de consumo, la rigidez laboral y la mentalidad productiva de los padres está dando como resultado que a los chicos les falte tiempo y espacio para el que tendría que ser su principal deber: jugar.

Los expertos coinciden en señalar que los pequeños no sólo juegan menos tiempo, sino que ya no comparten ni idean maneras divertidas de entretenerse, más aún si pasan horas frente al televisor o videojuegos. “La gente está convencida de que hay que preparar a los niños para un futuro muy competitivo. Con esta mentalidad, jugar equivale simple y llanamente a perder el tiempo”, explica la pedagoga María López. Nada más erróneo, porque el juego es un requisito imprescindible para el desarrollo integral y armonioso. Así lo reivindica en un libro, Organización y animación de ludotecas, Jesús Villegas. Lo mismo opina el estudioso Alvin Rosenfeld, para quien el juego además de ser un derecho, es la receta ideal para tener una infancia feliz, saludable, humana y más inteligente.

Pero, ¿lu-do-te-cas?. Sí, esta palabra, novedosa para un país donde la educación todavía lucha por llegar a todos los segmentos de la sociedad, no es nada reciente. Hace muchos años que figura entre las recomendaciones que suele dar la Unesco para la infancia.

En la delantera de los países que están defendiendo a ultranza el juego y la diversión están los Estados Unidos y el Reino Unido, donde han surgido asociaciones como Alliance for Childhood (alianza por la infancia) y Let the Children Play (dejad a los niños jugar). “Tenemos que romper ese círculo de aislamiento y desconfianza que se está apoderando de la infancia. Estamos obligados a devolverles la esperanza. El juego, la interacción y la autonomía son básicos para su crecimiento como personas”, sostiene Fidel Revilla, uno de los propulsores de La Ciudad de los Niños en Argentina y España.


Proyecto. En menos de una semana se inauguraron tres ludotecas en el Plan 3.000. Se tiene planeado más centros

La idea de las ludotecas es crear centros infantiles de tiempo libre donde se ponen a disposición de los más pequeños una colección de juguetes que pueden ser utilizados en el mismo local o para ser tomados en préstamo. Es decir: las ludotecas son para los juguetes como las bibliotecas son para los libros. Aquí, los chicos pueden explorar sus posibilidades sin presiones ni obligaciones. Son sitios que se hacen a su medida, donde se aprende a vivir, a sociabilizarse y a disfrutar.

En Santa Cruz las semillas de las ludotecas se sembró hace muy poco. Esta iniciativa del "tiempo libre educativo" es todavía muy incipiente, aunque, poco a poco, va tomando forma en el Plan Tres Mil. “Vimos que había una carencia de espacios. Los chicos se limitaban a ir a las calles a pelotear y nada más”, explica Beatriz Díez, una de los cinco voluntarios de Tinku, una organización española que se encarga de organizar el ocio en la Comunidad de Hombres Nuevos. La cosecha de las ludotecas se ha extendido ya por tres barrios, Urkupiña, San Jorge, Copacabana, además de la Ciudad de la Alegría. “La gente cree que el juego tiene sólo un componente de entretenimiento. Pero también se puede jugar y al mismo tiempo aprender a sumar y restar. Trabajamos la memoria, los colores, los días de la semana. Los chicos están encantados”, agrega Beatriz.

En las ludotecas de Hombres Nuevos se encuentra el lugar y los compañeros de juegos que muchas veces faltan en casa. Aunque el presupuesto que se maneja no les permite grandes lujos, los voluntarios se las ingenian para tener variedad. Por supuesto, hay pelotas, pero también rompecabezas, bloques y hasta triciclos. Para Dania Rocío Salazar, de ocho años, una de las asiduas de la Ciudad de la Alegría, las muñecas son sus preferidas. Ella es una de las primeras en llegar y de las últimas en marcharse. Está fascinada, sobre todo porque allí tiene los juguetes que su abuelo no puede comprarle. “Los chicos provienen de hogares con pocos recursos económicos. Para sus padres hay otras prioridades”. Quien habla es Silvia Vidal, animadora de la ludoteca del barrio Urkupiña. Con 19 años a sus espaldas, esta universitaria es voluntaria. Junto a otros jóvenes han sido capacitados como animadores especializados en el juego. Los chicos, entre 16 y 22 años, trabajan dos turnos, cuatro horas diarias y atienden entre 30 y 50 muchachos. “Me gusta compartir con los niños. Te hacen enojar y reír, pero también te llenan de energía. Es un cariño diferente”, corrobora Franz García, de 21 años, que está acostumbrado a entretener a familias enteras o a niños, como Gabriel, que llegan con bebés en brazos.

No fue fácil hacerles entender a los padres el verdadero concepto de las ludotecas. Contrario a los que algunos podrían pensar, no son una guardería, ni tampoco se oponen al trabajo de las escuelas. Costó hacerle entender a los adultos del Plan Tres Mil que con juegos en apariencia espontáneos los niños fortalecen sus capacidades. Se les dan talleres, se les cuentan cuentos, se proyectan videos, trabajan manualidades. “Les transmitimos valores", detalla Diez.

Los Calderón son otros de los incondicionales. Son cuatro hermanos, entre 1 y 10 años, que se las ingenian para cuidar a la pequeña Piedades, mientras arman rompecabezas. “Normalmente atendemos a chicos a partir de los cuatro años, pero llegan de todas las edades”.

Se estima que 200 niños reivindican el papel de las ludotecas en el Plan Tres Mil. Miriam Heredia, de 16 años, cada día se convence más de ese eslogan que está pintado en la pared de su ludoteca: “No hay espectáculo más hermoso que mirar jugar a un niño”. Y tiene toda la razón.