
Mi estancia en Bolivia ha sido una de las experiencias más especiales de mi vida. He estado viviendo en Santa Cruz de la Sierra, que es una de las ciudades más desarrolladas de todo el país. Allí estuve casi dos meses, en total 47 días. Llegué el 4 de noviembre y regresé a casa el 23 de diciembre de 2024.
Colaboré con Hombres Nuevos, una entidad que me acogió con los brazos abiertos. La verdad es que me sentí muy cómodo desde el primer momento. Se nota que tienen mucha experiencia recibiendo voluntarios y, aun así, lo hacen con entusiasmo y un procedimiento claro para que puedas sentirte tranquilo, pese a lo extraño que puede ser cambiar de país.
En mi caso, fui a Bolivia sin muchas expectativas; en realidad, no sabía qué me iba a encontrar allí. Es muy curioso porque, cuando viajas a un país tan diferente como Bolivia en comparación con España, te das cuenta de las grandes diferencias que existen entre los países más desarrollados y los países en vías de desarrollo. Además, la cabeza te da un vuelco porque la cultura en los países latinoamericanos es tan diversa, tan rica y tan cuidada, que toda la información que recibes resulta abrumadora para procesar en tan poco tiempo.
Si bien es cierto que mis expectativas laborales estaban bastante definidas, ya que tenía planeado realizar una serie de talleres con personas mayores, también me dieron la oportunidad, gracias a mis propuestas, de hacer un censo escolar para conocer la situación económica de los menores de los colegios con los que trabajamos. Llegué a final de curso, que en Bolivia corresponde aproximadamente a los meses de noviembre y diciembre, y también me permitieron realizar una evaluación de todo el año junto a los profesores y directores de los diferentes colegios. Para ello, utilicé técnicas que había aprendido a lo largo de mi carrera y de mi máster.
Irme dos meses a un país aparentemente tan alejado de mi entorno habitual me ha ayudado mucho tanto a nivel personal como profesional. Allí vives experiencias que, en condiciones normales, no experimentarás. Conoces nuevos lugares, viajas durante los fines de semana en los que no trabajas y también te desarrollas profesionalmente. Como estudiante, la gente confía en ti, lo que te permite poner en práctica todos tus conocimientos. Además, te dan mucha libertad para que trabajes y te desarrolles en ese ámbito. Aunque desconozco el grado de influencia que haya podido tener mi trabajo, mi intención siempre fue dejar un legado y poner mi granito de arena al servicio de Hombres Nuevos, que tan bien me recibió. También realicé tareas que no tenía previstas, como asistir a muchas actividades de fin de curso de los niños. Esto, además de ser sorprendente porque aprendes mucho sobre la cultura, resultó muy divertido y enriquecedor.
Otra de las mejores cosas de este voluntariado fueron, por supuesto, los otros voluntarios y las personas autóctonas. Con los otros voluntarios compartes una experiencia muy similar, lo que genera mucha emoción y conexión. Con las personas autóctonas, por otro lado, tienes la oportunidad de acercarte a su realidad, compartir diferentes puntos de vista y enriquecerte en todos los niveles, ya que ellos son los conocedores del terreno y tú eres un mero observador.
Lo peor de este viaje, si tengo que mencionar algo, han sido las condiciones de alimentación y salud, que no fueron las mejores para mí. Por ejemplo, contraje fiebre tifoidea, lo que me impidió realizar actividades durante un corto periodo. Aunque estaba algo preocupado, no fue nada grave al final, y el seguro que cubre la beca me ayudó a solucionar estos problemas. Ahora, con perspectiva, lo veo como parte de la experiencia, aunque en ese momento sí fue un poco angustiante enfrentarme a una enfermedad tan inusual.
Recomendaría esta experiencia a cualquier alumno o alumna que esté dispuesto a abrirse a la aventura, que quiera desarrollarse profesionalmente en su campo. Al regresar, te das cuenta de que tienes un prestigio y una experiencia mayores que te diferencian de tus compañeros que no han vivido algo similar. Además, esta vivencia te abre tanto la mente que vuelves con una perspectiva completamente diferente.
Si tuviera que dar un consejo a alguien que piense viajar a otro país, sería que no vaya con ideas preconcebidas o con el conocimiento que cree tener. A veces, nos creemos superiores, pero es importante estar abiertos a sorprendernos y descubrir dónde está la innovación en cada uno de los países, independientemente de su nivel de desarrollo.
Por último, quiero agradecer a Hombres Nuevos, al programa de voluntariado de la Universidad de Alicante y a sus técnicos. Todos han hecho un gran trabajo para que los voluntarios disfrutemos de esta experiencia al máximo. Es algo único, y que nos den esta oportunidad es una auténtica maravilla. ¡Gracias!