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PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS DE LA CONCORDIA 1998

25.10.2021

JUAN VACCARI, PROFETA DE LA MINORIDAD Y DE LA COTIDIANIDAD

El día 10 de Octubre de 2021, en Aguilar de Campoo, fue un día histórico y significativo, celebramos el 50 aniversario de la muerte, en accidente de tráfico, del Hno. Juan Vaccari, religioso guaneliano.

Se trata de iniciar el proceso de beatificación y rendir homenaje a este héroe anónimo que es el Hno. Juan Vaccari. El día 9 de octubre lo celebraron en la parroquia de Santa Marina, en Palencia, donde se ubica la Comunidad guaneliana.

En Aguilar de Campoo el acto de celebración y homenaje se empezó en la Iglesia de Santa Cecilia, esa maravilla románica, presidida por el General de los guanelianos, P. Umberto Brugnoni. Participaron el obispo de Palencia, Manuel Herrero, OSA y el obispo emérito de Palencia, Nicolás Castellanos, OSA. Gocé personalmente de su amistad y compartí, recé y lloré su muerte y celebré su Pascua, en mi condición de presidente de la CONFER de Palencia, en 1971.

En el acto en Santa Cecilia, se evocó el perfil de santidad y ejemplaridad del Hno. Juan Vaccari, por parte del General, de los guanelianos y guanelianas, de sus alumnos y amigos.

Seguidamente en la monumental Iglesia de Santa Maria, en la plaza de Aguilar de Campoo, se celebra la eucaristía, presidida por los dos obispos, el General de los guanelianos, párrocos de Aguilar, el teólogo Luis Ángel Montes y Alfredo Arto. Nuestro obispo Manuel resaltó el perfil del Hno. Juan, como humilde guaneliano, creyente convencido y apóstol de los pobres más pobres en una homilía clarificadora y emotiva.

Fue una auténtica acción de gracias renovada por el don y regalo que fue el Hno. Juan Vaccari para los pobres más pobres, para Aguilar, para Palencia y para la Iglesia. ¿Por qué Juan Vaccari es un don y regalo para todos? Por su espiritualidad encarnada de “la minoridad” y “cotidianidad” y también en este “Año Josefino” proclamado por el obispo de Roma Francisco, por mostrarnos con su testimonio “la vida del espíritu” según San José.

Mi lectura creyente del Hno. Juan Vaccari se traduce en una vida dotada de “normalidad” e “intensidad”. Todo muy normal, pero todo muy intenso, porque todo lo hace Dios en nuestro sí libre, responsable, alegre y generoso, en ese sí, tercamente perseverante, viviendo a la intemperie. En esa debilidad se muestra la fuerza de Dios, la fuerza del profeta de “la minoridad”: misericordioso, samaritano, pequeño entre los pobres, fraterno, menor, extraordinariamente grande en lo “normal”, lleno de Dios y pletórico de humanidad y de amor. En  definitiva, discípulo, seguidor de Jesús, pobre y libertador.

En todo momento “la vida en el espíritu” del Hno. Juan Vaccari se inspira en el humilde, callado y silencioso San José. Los gestos más significativos de San José fueron el silencio, los sueños y “el corazón de Padre” con que amó a Jesús. José, padre de Jesús, hoy le necesitamos más que nunca, porque vivimos en “una sociedad sin Padre” (Leonardo Boff).

Entonces San José se distingue por el cuidado, el amor, la ternura, la vigilancia, la dedicación. Creo que el Hno. Juan asimiló estas virtudes de José de Nazaret. Así lo expresa Juan en su diario espiritual: “Oh San José…aumenta en mí una fe viva hacia la eucaristía y un amor filial a la Virgen santísima. Jesús, sed mi luz. Oh María, sed mi esperanza. Oh San José sed mi refugio”. En “la carta a San José, hombre de buena voluntad”, enviada a los hermanos legos guanelianos, escribe: “Observemos la vida de San José. No ha hecho cosas extraordinarias, pero ha hecho las cosas ordinarias de modo extraordinario. Aquí está encerrada toda su santidad. Hermano, tu que por vocación estas llamado a la santidad, intenta traducir a la práctica el mensaje que nos sugiere San José: Oh siervo de la caridad, ¿quieres ser Santo? Ten siempre tanta buena voluntad”. Esta anécdota del P. Alfonso Crippa, Superior General de los guanelianos, lo expresa gráficamente: “Hablando durante estos días del carisma guaneliano, de la paternidad de Dios, no hemos nombrado a San José. Si estuviese aquí el Hno. Juan nos habría echado una buena “bronca” porque José es el padre de Jesús”.

El primer seminario en España lleva el nombre de San José. El día de la inauguración escribe en su diario: “Hoy San José (la estatua) está de portero, de dueño y de ecónomo de la casa”. Así también lo testiguan todos aquellos que se beneficiaron de su cuidado, vigilancia y “custodia”. Como San José tuvo un oficio profesional, José carpintero y Juan, cocinero. Lo que cuenta aquí es el amor, la humildad, la sencillez, el mostrar que por la vida normal, sencilla, marcada por el amor y la ternura se encierra el potencial, la mística, la profecía poderosa de la presencia contagiosa de Dios, de la Trinidad Santa.

En definitiva, estamos ante un santo “normal” que podemos ser todos. Entonces Juan nos traza el camino de una vida “normal”, intensa, alegre, rebosante de amor y ternura, que no tiene nada que ver con tantas máscaras que nos ponemos. En Juan estaba la simplicidad, “la vida normal”, pero vivida extraordinariamente llena de amor. Fue un hombre de Dios, que demostró que el cariño, la ternura y el amor le hacían hermano de los pobres más pobres y de los jóvenes en su discernimiento vocacional.

La palabra que resume y define la vida del Hno. Juan Vaccari es “minoridad”, expresada en la humildad, sencillez, confianza, alegría y buen humor. Siempre rezaba: “San José hazme humilde, otra vez humilde, humilde, porque la condición y base para ser caritativo es la humildad”.