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PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS DE LA CONCORDIA 1998

15.12.2020

BOLIVIA POSIBLE

Sí, Bolivia es posible. Así lo ha demostrado en su ámbito reducido el Proyecto Hombres Nuevos.

Es posible si el nuevo gobierno pone las bases para una reconciliación nacional, que es el sueño de todas las y los bolivianos; lejos de esos derroteros decadentes de odio y de enfrentamiento, que terminan con las legítimas libertades y en dictadura y, en cambio, se echan puentes hacia un Estado de Derecho, hacia la fraternidad entre todos las y los bolivianas.

Lógicamente el camino no son los discursos incendiarios, agresivos contra el otro 45% de bolivianos. No se puede seguir con una política: “Seguirle metiendo nomás”.

Solo hay un camino, que lo señaló el Vicepresidente David Choquehuanca, basado en la sabiduría y filosofía ancestral: “Es obligación comunicarnos, obligación de dialogar, es un principio del vivir bien… el nuevo tiempo significa escuchar el mensaje de nuestros pueblos, significa sanar heridas, mirarnos con respeto, recuperar la Patria, soñar juntos, construir hermandad, armonía, integración. Ya no más persecución a la libertad de expresión, ya no más judicialización de la política, ya no más abuso de poder. El poder tiene que ser para ayudar, el poder tiene que circular. El poder, así como la economía, se tiene que redistribuir”.

En la misma dirección se expresa Marianela Prada: “Vamos a tender puentes para el reencuentro, para valorarnos y aceptarnos. La pluralidad política es un bien esencial en la democracia… El país nos necesita trabajando por la justicia social, contra la pandemia, la crisis política, social, económica, ecológica y contra toda forma de violencia hacia la mujer. ¡Ni una menos!”.

Tanto sufrimiento a causa del hambre, de las enfermedades y toda clase de miserias tendría que unirnos y ser lúcidos para hacer un pacto social y no gastar todas las energías en la corrupción, el narcotráfico, en el contrabando, en la extorsión, en la contienda política, mientras el pueblo, también los indígenas, mueren abandonados a su suerte.

Es absurdo que un país rico como Bolivia, sea el más pobre después de Haití en América Latina. Y el factor determinante de todo, esto hay que decirlo sin ambages, está en el maldito etnocentrismo del que se han servido algunos políticos para su conveniencia y los otros se han dejado llevar de otros intereses bastardos. No dudo en calificar a nuestros políticos, de grises, incompetentes, analfabetos políticos, tan egocéntricos que son incapaces de intuir lo que es la política noble y se dejan arrastrar por el afán de tener, del poder, en vez de dedicarse solo al bien común.

Creo que son ellos de alguna manera los responsables de dividir a Bolivia en dos Bolivias irreconciliables, enfrentadas y enemigas.

Hoy el camino posible, transitable es la integración política, económica, social y cordial de La Paz y de Santa Cruz, del Oriente con el Occidente y profundizar en la democracia como última salida.

Hacen falta líderes. Y si no los hay, el imperativo político hoy más urgente, es diseñarles y ofrecerles al país. Para superar el etnocentrismo que le impide crecer y ser el pueblo boliviano, pluriétnico, pluricultural, plurireligioso, que toda Bolivia anhela, aspira y desea. Yo creo que es posible.

Un horizonte sombrío, oscuro, incierto, que impida acercarse a una Bolivia moderna, progresista, plural, reconciliada, que ha descubierto que la política sirve si lleva a todos los ciudadanos unidos a buscar el bien común, el progreso social de la comunidad y una convivencia pacífica, porque hay libertad, prosperidad, bienestar, los niños pueden hacer tres comidas al día, van a la escuela con zapatos nuevos y no tienen que andar 4, 3, 2, 1 hora según la distancia de su comunidad. Desde ahí se pueden recuperar las alegrías de la vida y que la vida tiene sentido en amar y ser amados.

Desde estas premisas la reconciliación nacional y Bolivia, son posibles. Solo hay que mirar y seguir al cóndor, que levanta el vuelo cuando su ala derecha está en perfecto equilibrio con su ala izquierda.

Hoy necesitamos reconstruir la ilusión colectiva y recuperar la esperanza en tiempos tan dramáticos y duros.